Suficiente

No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente.

Maurice Herzog

Vivimos tiempos sobresalientes, excesivos, desproporcionados, definidos por señuelos que nos lanza la sociedad de consumo: dinero, trabajo, pareja, viajes, moda…, y que son los indicadores externos que limitan con precisión cómo deben de ser las cosas. Nos lanzan a ir por la vida alcanzando posesiones, reconocimientos que certifiquen nuestra seguridad.

Por supuesto, el éxito nos fascina, nos emociona, incluso nos aturde. Buscamos con afán el reconocimiento. Es estimulante, respetable y claramente legítimo. El problema es cuando ese deseo es el polo de atracción más codiciado. Lo convertimos en nuestro eje de movimiento a cualquier precio, y se nos olvida que tarde o temprano hay que pagar el peaje.

Desear, buscar éxito, no es negativo. Seríamos pasivos, incluso perderíamos lo que nos caracteriza como personas: ser humanos. Lo que no es bueno es el deseo desproporcionado. El éxito sin límites. Crear un ser fantasmagórico que todo lo puede. Que hace realidad cualquier sueño. Y, en este recorrido, damos un puntapié al error, al fracaso, tan inherente al ser vulnerable que somos, y que bien asimilado puede ser un revulsivo a la vanidad.

Entre éxitos y fracasos moldeamos nuestras prioridades para descubrir lo que verdaderamente importa. Intentemos que sea con la conciencia de lo bastante porque entonces habrá merecido la pena.

11 comentarios

  1. Está en nuestra naturaleza desear más de lo que tenemos pero como individuos tenemos que ponernos que ponernos objetivos y tener deseos, pero como personas debemos alcanzar un equilibrio, una moderación consciente, que nos ayudará a disfrutar más todo aquello que consigamos. Que tengas una feliz noche Lola.

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  2. ¿Hasta cuando y hasta cuanto. se puede retorcer la conciencia? Parece que en cuanto a la codicia hace tiempo que se saltaron los límites de la honradez y que en favor de aumentar el beneficio, todo vale.
    Lo adviertes muy bien al respecto Lola, ahora mandan el exceso y la desproporción.
    El origen del descontento y de la pobreza llega con el olvido de una norma fundamental: El planeta no da tanto de sí para todos los que anhelan riqueza.
    Un besazo.

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