Cantidad

El verdadero tiempo no se puede medir por el reloj o el calendario.

Momo Michael Ende

Estamos inmersos en una oleada de cifras. En un afán desmesurado por medirlo todo: peso, pasos, likes, éxito, inteligencia, eficacia, etc. Quizás la tecnología ha puesto la mecha, propagando una epidemia de números en la que nos perdemos, intentando cuantificar la vida.

Cuántos kilos tengo que pesar para ser atractivo. Cuánto dinero tengo que ganar para alcanzar el éxito. Cuántos seguidores tengo que tener para ser popular. Cuántos kilómetros tengo que andar para tener salud. Cuánto tiempo tengo que invertir para ser eficaz. Hasta las vacaciones: los mejores restaurantes, alojamientos, puestas de sol, lugares; las preparamos siguiendo el criterio de la mayoría, cuántas reseñas.

Esta atracción por medir y medirnos ha desencadenado un desbarajuste entre el cuánto y el cómo. Vivimos en medio de valoraciones propias y ajenas que nos encorsetan en un ideario de lo que se lleva o de lo que esperan de uno, que nos hace predecibles. Y, por supuesto, nos aleja de nuestra verdadera esencia.

Entre tantas cantidades se busca la visibilidad. El reconocimiento. La aprobación. Personalmente prefiero ser un verso suelto y prestar atención a lo que realmente importa, lo que para mí vale la pena, y que es justamente lo que no se puede medir.

15 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo contigo, Lola.
    Aunque soy profe de mates y los números son lo mío, fuera de clases son un tormento.
    Las pequeñas cosas, los detalles, pueden ser inconmensurables para nuestros sentidos. Son las que al final perduran en el recuerdo y nos enseñan el significado del amor por todo.
    Gracias por recordárnoslo con la entrada,
    un Abrazo.

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    • Buenos días, José.
      Me encantan los números hice un bachiller de ciencias exactas, con eso te digo todo. Además entiendo que son necesarios para muchas actividades de nuestra vida.
      Lo que me pierde es la tendencia a cuantificar todo y darle un valor sobre el que gira nuestra existencia, convirtiendo ese número en el protagonista de nuestras decisiones sin valorar lo que nos dejamos en este camino.
      Todo aquello que vale la pena y como bien dices es lo que perdura en nuestro recuerdo.
      Gracias a ti por tu comentario a esta entrada.
      Un abrazo de vuelta

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  2. Me gusta no, me encanta. Desde hace días me ronda la cabeza algo en cierto modo en la misma línea: «Las cifras no son nada, si a continuación no conducen a dos procesos clave, que no deberían llevarse a cabo jamás con prisas, sino con calma y deleite, o dicho de otra forma, con razón y corazón. El primero es el análisis comparativo, que se sustancia generalmente en términos de probabilidad. El segundo, más importante si cabe, es la interpretación, que debería conllevar siempre un componente racional y otro emocional: éste último es clave, y distingue una interpretación meramente instrumental de otra generadora de riqueza argumental y de potenciales explicaciones alternativas. ¿Dónde está todo esto hoy día? El número es la anécdota, que concluye en si misma. Trascendámoslo.»
    Gracias por compartir tus ideas.

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    • Gracias a ti, José Luis, por enriquecer la entrada con esta interesante reflexión. Que, por cierto, he tenido que leer con calma y deleite, además de varias veces, para su comprensión.
      Me ha dejado fascinada la parte en la que nos revelas que la interpretación del número en su factor emocional deja de ser un dato concluyente dando paso a diversa cantidad de argumentos que es lo verdaderamente interesante o mejor dicho enriquecedor.
      Y es en este lado emocional en el que el número va más allá de lo que pensamos, creemos o conocemos.
      Gracias de nuevo.
      Un abrazo.

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  3. Hola Lola. Me encantan los números, pero en un mundo lógico y racional. Cuando se convierten en un mero «Y yo más», se pierde la utilidad, se pierden los valores esenciales, se pierde el disfrute de la vida y se pierde hasta la paciencia.
    Creo que muchos entran en una vorágine en la que ni siquiera son conscientes de la estupidez en la que están metidos. Y como los medios y las redes avivan la llama, pues vete a convencer a un adolescente que la felicidad no consiste en los likes conseguidos, o que si no está dentro del baremo que tiene que pesar, nunca va a conseguir un amor y va a ser un/una desgraciado/a toda su vida.
    Lamentable mundo el que estamos dejando. ¡Excelente entrada!
    Un abrazo.

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